La
reforma puede significar una oportunidad única, si se utiliza para
combatir la desigualdad que hoy fractura la cohesión social de nuestro
país. La clave sería hacerlo mediante el diseño de un sistema tributario
eficiente, justo y redistributivo
Probablemente, el mensaje más contundente del Gobierno tras la celebración de la Convención Nacional del Partido Popular en Valladolid, haya sido la intención de bajar los impuestos
a partir de 2015. Este anuncio se produce en un contexto de
turbulencias internas del Partido Popular, donde las encuestas muestran
resultados desfavorables y la contestación a los populares desde la
derecha misma, podría provocar una fragmentación del centro-derecha
en las próximas citas electorales. ¿Y qué impacto puede tener la
reforma fiscal en este contexto? ¿Es un sólo un anticipo en clave
electoral, una vuelta a los orígenes o fuegos artificiales? Aunque
todavía no se ha concretado en qué consistirá la propuesta del
Ejecutivo, parece evidente que es una medida destinada a recuperar a
muchos de sus votantes descontentos y a visibilizar la acción del
Gobierno, a través de una reforma del sistema fiscal que a día de hoy
todos (Gobierno, oposición y ciudadanos) coinciden en considerar
imprescindible.
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