Mientras México pactaba una agenda de reformas, Brasil descuidó las cuentas públicas y trata de recuperar la confianza
En el juego por una nueva primacía mundial, México marcó un gol ayer a
Brasil después de que la agencia británica Moody's elevase la nota
soberana de los mexicanos que pasó de Baa1 a A3. El partido imaginario
entre ambos emergentes, sin embargo, no empezó ayer. México ya estaba
preparándose para vencer su inercia como país emergente desde que
comenzaron a discutirse las reformas estructurales que incluían la
ruptura de los monopolios en sectores estratégicos como
telecomunicaciones, medios de comunicación y petróleo. El país se
embarcó en una agenda nacional consensuada, el llamado por el Pacto por
México firmado en diciembre de 2012 en el que participaron los tres
grandes partidos en lo que fue una tregua en la lucha política. Los
frutos se recogen ahora.
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