Las retribuciones se descolgaron antes de la crisis a favor de los capitales y las élites
Fernando Luengo / El País
Es necesario que la evolución de los salarios se ajuste a la
de la productividad. Afirmación, en apariencia, cargada de sentido común y de
lógica económica. Más ahora, en tiempos de zozobra, cuando las empresas
necesitan adaptar su estructura de costes a las adversas y variables
condiciones impuestas por una crisis que no acaba de remontar. Sin embargo, en
esa afirmación hay más confusión de lo que parece, adivinándose planteamientos
e intereses que, como es habitual en los debates económicos y políticos, están
convenientemente camuflados.
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