Joaquín Estefanía-Madrid-El País
Una carta al director publicada en EL PAÍS el pasado sábado
traza muy bien la raya entre dos realidades de economía sumergida: la de
quienes se han instalado en ella por insolidaridad, por no pagar impuestos y
cotizaciones,… y la de quienes están en la misma porque no tienen más remedio,
por sobrevivir, personas o empresas. Cuenta el lector el caso de aquellos a los
que les queda deuda después de entregar su piso y que, en el supuesto de pasar
a mejor fortuna (volver a tener solvencia ingresando en nómina más de los 645
euros al mes correspondientes al salario mínimo) saben que les será embargado
todo exceso. O aquellos a los que se les hace un contrato mercantil, les
obligan a ser autónomos, no les garantizan unos ingresos mínimos y saben que,
en el momento en que se den de alta, perderán “los 426 euros de Zapatero”.
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