TRAGEDIA FAMILIAR
PRIMER TIEMPO: Lengua larga, cola corta, la máxima que se le olvidó.
Acabada. Cuando menos políticamente, la maestra está acabada. La
metáfora de una vida de lucha y poder, es la fotografía de ella, con el
esplendor ausente, detrás de las rejas de la cárcel. El epílogo del
capítulo de su ambición desmedida y de su impudor en el lujo, es la
ficha criminal que la convirtió en un reo más. Elba Esther Gordillo
pisó la cárcel donde las autoridades pensaron en qué otra prisionera
pudiera “ser su amiga” mientras ahí estuviera, para hacerle compañía.
Sufrieron en el reclutamiento pues aún las otras reas no querían
mezclarse con ella. Era el fin. Sus familiares y contadores más cercanos
le advirtieron durante casi dos años que estaba gastando demasiado
dinero y que, además, lo hacía de una forma muy irregular e ilegal. A
nadie le hizo caso. Durante una década se acostumbró a manejar al Estado
en forma patrimonial, y a través de su yerno Fernando González,
ex subsecretario de Educación y de sus adláteres convirtió la SEP, el
ISSSTE y el Seguro Social, en una bolsa de trabajo para ex esposos,
yernos y nietos. Mediante el control del Sindicato Nacional de
Trabajadores de la Educación, decidió que los maestros y los
contribuyentes subvencionaran sus casas en las zonas más elegantes de la
ciudad de México, en San Diego y Miami, sus fincas y zoológico con
animales exóticos, sus lujos y placeres que llevó al exceso de pagar por
la remodelación de una alberca y un spa en su residencia de la Isla
Coronado, tres millones de dólares. Y además, que pagaran la residencia
donde vivía una de sus hijas, la senadora Mónica Arriola.
Ella ya dejó esa casa y regresó al techo en donde antes vivía, más
modesto, pero real. La maestra no le hizo caso al padre de la senadora y
su ex esposo, Francisco Arriola, cuando, como tesorero
del magisterio le decía que gastaba mucho. Peor aún, hizo que casi un
millón de los recursos ilegales salidos del sindicato por la vía de
Francisco, fueran a parar a una cuenta de su nieto preferido, Othón,
hijo de Mónica, con lo que dos de las joyas personales más preciadas
por ella, ante la soberbia y el sentir que era inalcanzable por el poder
y la justicia, están en el umbral de ir a la cárcel.
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