miércoles, 2 de septiembre de 2026

La Presidenta y el caudillo en la pelea por el poder

Raymundo Riva Palacio - Vanguardia


No se puede decir que exista una anarquía, porque no la hay. Lo que existe es el poder dual, en donde las decisiones se toman en dos lugares que tienen diferentes objetivos

Las últimas semanas del segundo año de Claudia Sheinbaum en la Presidencia han dejado una pregunta que no estuvo en el discurso del Segundo Informe, pero que es mucho más importante que cualquiera de las cifras que dio ayer a media mañana: ¿quién manda en Morena? La respuesta formal es sencilla: Sheinbaum. La respuesta política es bastante más complicada, porque Morena no nació como un partido institucional, sino alrededor del liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, que no construyó un movimiento que sobreviviera a su fundador, sino uno cuya cohesión dependiera de su autoridad.

Era el diseño de un Estado débil, al que Sheinbaum contribuyó sin ver las consecuencias a largo plazo, que hizo al expresidente transexenalmente poderoso, pero produjo una contradicción: si bien López Obrador se fue de Palacio Nacional, el modelo de poder no se fue con él. Controla al partido, pero no al gobierno, una situación de mando bicéfalo que explica buena parte de lo ocurrido en las últimas semanas, en particular con el episodio de Rubén Rocha Moya, que expuso el cáncer del régimen, la ausencia de una cadena de mando política claramente reconocida dentro del movimiento.

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