Jorge Zepeda Patterson - Diario de Yucatán
Difícil pensar que México no sea visto desde el exterior como una nación de pacotilla en materia de seguridad y justicia, por más que pueda ofender sensibilidades. Y no se trata de un gobierno en particular, sino de los rasgos consustanciales de la vida nacional que se reflejan en las noticias que trascienden en el extranjero. ¿O de qué manera puede procesar un alemán o un neoyorquino el hecho de que los dos capos más célebres, El Chapo Guzmán y Rafael Caro Quintero hayan quedado libres, en su momento, por errores tan crasos que habrían resultado inverosímiles en cualquier guión de televisión? El primero, al huir una vez en helicóptero y otra a través de un túnel, a pesar de ser el prisionero número uno de las cárceles mexicanas. Se requirió meterlo a una prisión norteamericana para asumir que, por fin, no volveríamos a preocuparnos del sinaloense.
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