- La ley que criminaliza la protesta en Tabasco interpela el pasado del presidente, protagonista de una larga campaña de “resistencia” en su estado natal
Por lo que cuentan los diarios de la época, la plaza del Centro Integrador Simón Sarlat, en Tabasco, debía verse radiante aquella tarde. Era lunes, 5 de febrero de 1996. El "líder moral" de la izquierda mexicana, Andrés Manuel López Obrador, acababa de llegar. "Unos 1.500 chontales vitorearon a López Obrador cuando el dirigente perredista arribó a la plaza, tras los estallidos de cohetones", leería la crónica de Filomeno Plata en la edición del diario El Sureste del día siguiente.
Eran otros tiempos. Calificado por la prensa de "guía" o "líder moral" de su partido, el PRD, hoy prácticamente extinto, López Obrador acumulaba capital político a cubetazos en su estado natal, encabezando un movimiento de protesta contra Pemex, apoyado por campesinos, indígenas y militantes de su propio partido. En pocos días, él y los suyos tomaron 51 pozos en seis municipios de la entidad.
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