- El de Donald Trump es un racismo negacionista con dos movimientos: primero lanza la piedra y luego esconde la mano
No hay nada extraño ni excepcional en el racismo de Trump. El suyo es un racismo profundamente americano, enraizado en la historia de una democracia de origen esclavista, que discriminaba por razón de raza todavía hasta los años sesenta del siglo pasado. Tampoco hay nada extraño en su negacionismo. El racista raramente se considera racista a sí mismo. Su naturalización supremacista y discriminatoria de las diferencias le impide separar su percepción subjetiva, su racismo, de las cosas tal como son. No se considera racista porque siempre encuentra un buen y simpático vecino de color a quien amarrarse para justificar su inocencia. Ni siquiera Adolf Eichmann se consideraba antisemita.
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