Jesús Silva Hérzog - El Siglo de Torreón
Se nos invita todas las mañanas a
presenciar una ceremonia delirante. No creo que haya forma de describirla de otra manera. Lo que comenzó como un audaz compromiso de comunicación se ha convertido en una inquietante exhibición de incoherencias
y agresiones. El presidente de la república encara a los medios para enlazar
disparates con insultos. Las obsesiones
de siempre se combinan con la ocurrencia del instante. En reflejo a una pregunta se toman decisiones, se contradice a los colaboradores, se niegan los hechos más evidentes. El presidente divaga, vuelve a contar la anécdota que ha
contado mil veces, repite por enésima
ocasión algún fragmento de la historia
de bronce que tanto le entusiasma. Machaca el manojo de sus frases fijas. Evade cualquier pregunta incómoda. Si
aparece un cuestionamiento serio sobre
sus responsabilidades de gobierno, el
presidente huye con más descaro que
habilidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario