Orlando Delgado Selley / La Jornada
Las universidades del
siglo XXI están siendo sometidas a presiones de diversa naturaleza. Una
de ellas es la exigencia de que se evalúe si cumplen adecuadamente con
su función. Pero la definición de esta función ha ido cambiando, en
consonancia con los retos a los que se enfrentan las sociedades en las
que operan nuestras entidades de educación superior. Algunos de estos
retos son recientes, como el cambio climático, la accesibilidad al agua
limpia y otros desafíos a la biodiversidad. Otros son de vieja data,
como la pobreza, la desigualdad y el respeto a los derechos humanos.
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