Alejandro Nadal / La Jornada
En su intento por
mitigar los efectos de la crisis financiera mundial, la Reserva Federal
adoptó una postura de flexibilización monetaria desde 2008. Mantuvo
tasas de interés cercanas a cero y abrió un programa de compras de
títulos del Tesoro estadunidense para inyectar liquidez al sistema
bancario y permitir el flujo de crédito a la economía. La realidad es
que la inyección de liquidez mantuvo vivo el sistema de pagos
interbancario, pero esos recursos nunca encontraron el camino del
crédito a los consumidores y empresas. En cambio sí sirvieron para
apuntalar una mayor actividad especulativa de los bancos y otros agentes
financieros.
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