Paul Krugman / El País
Hace cuatro años,
cuando un presidente recién elegido emprendía sus esfuerzos por rescatar la
economía y reforzar la red de seguridad social, los expertos económicos
conservadores —personas que afirmaban que entendían los mercados y sabían cómo
satisfacerlos— advertían sobre un desastre financiero inminente. Los valores,
declaraban, se desplomarían, mientras que los tipos de interés se dispararían.
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