viernes, 8 de julio de 2022

POR LA ESPIRAL

Claudia Luna Palencia - El Diario de Coahuila 

Son gobernantes de paja ante el dictador ruso, Vladimir Putin. Lo adelanté en columnas recientes: el primer ministro británico, Boris Johnson, estaba por caer, pendiendo de un hilo, porque los miembros de su propio Partido Conservador dejaron de creer en su liderazgo y simplemente lo querían echar fuera de Downing Street.

El periodista y político pelirrubio que en varias ocasiones ha sido comparado con Donald Trump —no sólo por su físico también por sus ideas pragmáticas y su distorsión de la realidad— ha tenido que presentar su dimisión forzado por más de 60 renuncias de varios miembros de su gabinete.

No ha sido la oposición, sino sus propios compañeros tories hartos de sus mentiras, de su falta de ética y de su escasa moral. Hartos de sus decisiones erróneas.

Al final, el tremendo escándalo del partygate lo ha terminado devorando. Como Saturno a su hijo. Johnson ha dilapidado el enorme voto de confianza que lo llevó primero a sustituir a la rocosa primera ministra, Theresa May, aquel 24 de julio de 2019.

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