- La sed trastocó la cotidianidad; cada día emprenden una odisea para conseguir el líquido
APRO
Las colonias proletarias se afanan todos los días en acaparar la mayor cantidad de agua potable que les dotan pipas del gobierno estatal y algunos legisladores. Especial / EL DIARIOEn los altos del Cerro del Topo Chico, bajo una pedrera abandonada, el agua no llega desde hace dos semanas.
En este rincón ubicado en el extremo norte de la capital, que tiene por nombre colonia Che Guevara, se asciende por una pendiente de 45 grados sin pavimentar que está a unos 200 metros de donde empieza la urbanización.
A causa de la pronunciada inclinación y las lajas que tornan inestable el terreno, es imposible el ascenso de las pipas para dotarlos del líquido. Los habitantes se ven obligados a bajar unos 100 metros para llenar sus tambos a cubetazos.
La señora Josefina, quien vive en una de las casas ubicadas al final de la colonia, así lo hace varias veces en el día, cada que llega la providencial pipa con agua enviada por el gobierno del estado o por algún político interesado en promover su imagen.

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