- Donald Trump no quiere más guerras. Gallea mucho, pero prefiere la prudencia. Ya lo saben sus enemigos y lo sufren sus amigos y aliados
La política internacional de Donald Trump, si acaso la tiene o si puede llamarse política a lo que hace, está en las antípodas de Theodore Roosevelt, el presidente célebre porque acompañaba sus amables palabras con la muy convincente exhibición de “un gran bastón”.
Trump es una amenaza en sí mismo, por el caos de su presidencia, su imprevisibilidad, su narcisismo, sus políticas reaccionarias, su corrupción y sus mentiras torrenciales. Pero sus amenazas, sobre todo las militares, no son peligrosas, porque luego no producen efectos. Habla alto, pero luego no actúa. Lo saben los enemigos de Estados Unidos y lo sufren sus amigos y aliados.
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