Por más de 30 años, México ha transitado a una forma de crecimiento que en lo fundamental niega las potencialidades de desarrollo económico y social para el país en su conjunto. El hecho, exagerado por los publicistas, de que haya regiones que crecen a tasas asiáticas, no obsta para que a todos conste que desarrollo, entendido como redistribución de ingresos y accesos y oportunidades hacia abajo, no ha habido en la nación en este periodo.
Las tasas logradas de crecimiento y de inversión no han auspiciado un despliegue más o menos sostenido de capacidades físicas y humanas que pudieran conjugarse en procesos de cambio social significativos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario