Aprobada el jueves pasado por la Cámara de Diputados, la reforma laboral le coloca el último clavo en la cruz al viejo sindicalismo de corte priista al abrir el escenario a la elección libre de los trabajadores; exigir la revisión cada cuatro años de los contratos colectivos, y desterrar cláusulas abusivas de sometimiento.
Aunque la iniciativa fue presionada por Estados Unidos y Canadá para intentar piso parejo en materia salarial, el nuevo gobierno le agregó elementos ajenos. Estamos hablando de garantizar la contratación de migrantes; de combatir la violencia de género en el ámbito laboral y transparentar los contratos colectivos.
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