Lorenzo Meyer - Diario de Yucatán
La explicación de la inusual fuerza destructiva del huracán que azotó a Acapulco el 24 de octubre pasado se encuentra, según los especialistas, en el aumento de la temperatura de los océanos como resultado de un calentamiento global que, entre otras cosas, puede transferir tanta energía a una mera tormenta tropical que en horas es capaz de convertirla en un huracán monstruoso.
Y ese calentamiento inusual del planeta es resultado inevitable del llamado “efecto invernadero” que, a su vez, es un resultado no previsto de la acción humana. Y es que el “invernadero” se ha formado por un aumento enorme de dióxido de carbono o CO2 resultado del incremento exponencial en el uso de combustibles fósiles. En suma, en el origen de la destrucción causada este año en la costa de Guerrero por el huracán “Otis” esta no un capricho de la naturaleza sino un efecto muy anunciado de tiempo atrás del daño causado al ambiente por la actividad humana especialmente a partir del inicio de la revolución industrial y acelerado a raíz de la globalización de la actual sociedad de consumo.
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