- El hijo del presidente Gustavo Petro y su expareja buscaron el lucro fácil aprovechando sus relaciones políticas y familiares
Juan Esteban Lewin - Bogotá - El País
Esta es la historia de una tragedia familiar, al estilo de Shakespeare o, si se quiere, de la más contemporánea Succession. O de una telenovela latinoamericana con amores, traiciones, dinero y poder. Pero quizás es, sobre todo, una fotografía de una sociedad con muy poca movilidad social, en la que el dinero fácil y la corrupción son dos de las pocas formas de ascenso.
La historia tiene como protagonista a una pareja que ya no es tal, pero que, según el fiscal del escándalo que tiene conmocionada a Colombia, actuaron cuando lo eran como “arribistas de clase media”: se dieron una vida suntuosa a pesar de tener ingresos e historias de vida más propias de la clase media. Y lo hicieron, según reveló el fiscal y han aceptado los dos, gracias a las mentiras y a la corrupción, en un escándalo que ha golpeado directamente al presidente Gustavo Petro, aunque este se haya distanciado de los protagonistas y haya respetado, de hecho y de palabra, la independencia de la Justicia.

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