martes, 17 de mayo de 2022

LA CUMBRE Y LA SOBERANÍA

 José Blanco - Periódico La Jornada

Como en un trip on LSD, Estados Unidos se embarcó en una eufórica ensoñación: a partir de los años 1990, con la caída de la URSS, el reino de la tierra sería enteramente suyo; su poder sería incontestable y viajaría inmerso en la eternidad. Habría, desde los años de fin de siglo, percances fastidiosos como Irak, Kuwait, Somalia, Bosnia, Sudán, Afganistán, Yugoslavia, Yemen, Irán, Libia y más, pero por eso tiene sus soldados bien nutridos que ponen orden matando a los alborotadores in situ.

EU se aplicó a fondo a la creación en firme de su reino, al finalizar la Segunda Guerra, comenzando con Europa. Los ingredientes son conocidos: el american way of life penetró con filo en todos los ámbitos de las culturas del viejo continente: cerca de 9 mil establecimientos de McDonald’s; el volumen del cine de EU duplica al de la Unión Europea (UE) en el mercado europeo; la industria musical gringa, predomina a sus anchas. Además, la sujeta de formas más profundas: EU creó en la hoy UE, hasta la fecha, 452 instalaciones militares; 219 del Ejército, 55 de la Marina, y 180 de la Fuerza Aérea. No obstante, persistieron algunos alegatos libertarios provenientes de Francia y, más profundos, aunque menos mediáticos, de Alemania, que se acercó a Rusia a través de sus cancilleres, quienes construyeron la dependencia de Alemania respecto del carbón, el gas y el petróleo rusos, especialmente Gerhard Schröder y Angela Merkel. Ahora entran al redil, alegremente, Suecia y Finlandia.

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