- La muerte del capitán Acosta Arévalo evidencia un patrón de tratos crueles e inhumanos a prisioneros
La tortura ha vuelto a estremecer Venezuela. Siete días después de ser detenido por agentes de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), el capitán de corbeta de la Armada Rafael Acosta Arévalo apareció agonizante ante una corte militar de Caracas. El oficial, de complexión atlética y 1,76 de altura, estaba irreconocible. Murió horas después, la madrugada del 29 de junio, en el Hospital del Ejército doctor Vicente Salías Sanoja, en el complejo militar Fuerte Tiuna.
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