- No hay democracia sin controversia, desde luego, pero los niveles de agresión retórica y división que atestiguamos hoy en México resultan notables
Es un espectáculo infinito (y deprimente). Apenas el Presidente de México entra en controversia con alguien (esta semana, el contendiente fue el periodista Jorge Ramos, pero cada lunes o martes el mandatario trepa al ring a un rival nuevo o este brinca por su propio pie) y los ánimos hierven en cosa de minutos. Y la discusión escala de los dichos precisos de Andrés Manuel López Obrador, y quien quiera que sea esta vez el objeto de sus críticas, a la discusión que tiene a México partido en dos.
Es decir, la lucha entre quienes ven en el presidente a un hombre honesto que trabaja para sacar al país del hoyo y quienes lo reputan como un populista que prefiere concentrar poder en vez de enfrentar los problemas de violencia y miseria heredados.
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