- La expansión del turismo pone a los accesos públicos en el foco del debate, en un país que tiene el 32% de la costa en manos privadas
Unos 44 kilómetros al norte de Puerto Vallarta, en el occidente de México, la carretera federal se transforma, sin previo aviso, en privada. El camino choca contra unos muros de concreto y unas vallas con seguridad privada que resguardan la península de Punta de Mita, en el municipio de Bahía de Banderas (Estado de Nayarit). Detrás del hormigón, se asientan 700 hectáreas y 14 kilómetros de playas de muy difícil acceso para los locales. “La única entrada para nosotros es a través del agua”, dice Rocío Martínez, activista de la zona. “Y en cuanto pones un pie te caen los guardias de seguridad”.
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