viernes, 8 de agosto de 2014

EL ESPEJO RUSO SE HA ROTO

  • Desde su reelección como presidente en 2012, que fue duramente contestada por parte de la población, Vladímir Putin se ha aplicado sistemáticamente a bloquear cualquier perspectiva de modernización del país

José Ignacio Torreblanca / El País
Durante la década pasada, la Europa democrática construyó una imagen de Rusia que correspondía a la de un país inmerso en un tan intenso como irreversible proceso de modernización político, económico y social. El desarrollo económico, se auguraba, crearía una sociedad de clases medias donde, como en tantos otros lugares de la Europa de la posguerra fría, los individuos aspirarían a realizarse como personas en un marco de libertad, derechos y prosperidad compartida. Como es propio de las sociedades democráticas, en esa sociedad, los aparatosdel Estado, tan omnipresentes en la historia de Rusia, verían su protagonismo disminuido a favor de los ciudadanos, las empresas y los consumidores, que serían, por fin, tanto los protagonistas como los dueños de su futuro. Muchos soñaron incluso, si no con la adhesión de Rusia a la Unión Europea, con el establecimiento de un marco tan estrecho de relaciones en el que cupiera “todo menos las instituciones”.

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