Luis Rubio / El Siglo de Torreón
Es rara la discusión sobre las causas del bajo crecimiento de la
economía en la que la corrupción no surja como un factor explicativo y
más si el intercambio tiene lugar fuera del país. El supuesto implícito
es que la corrupción inhibe el funcionamiento de los mercados y eso
desincentiva la inversión, limitando con ello su crecimiento. Aunque
quizá comprobable en algunos casos, el argumento es viejo y gastado. Hay
ejemplos, sobre todo en Asia, que claramente lo desmienten: países que
crecen con celeridad a pesar de la prevalencia de la corrupción. ¿Cuál
es, entonces, el problema?
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