Raymundo Riva
Palacio / 24 Horas El Diario Sin Límites
La
izquierda se ha reacomodado. En Acapulco, donde se reunieron la mayoría de los
líderes nacionales, se socializó el acuerdo que forjaron hace tiempo con Andrés
Manuel López Obrador: lo acompañarán máximo hasta el 6 de septiembre, cuando el
Tribunal Electoral califique la elección presidencial. López Obrador no debe
estar sorprendido, como lo refleja la radicalización de su discurso, que apunta
a una lucha larga más allá de ese término. Pero quien no esperaba los reveses
de los nuevos alineamientos, debe ser Marcelo Ebrard, el jefe de gobierno del
Distrito Federal.
Ebrard
perdió quizás la oportunidad de su vida el año pasado, al no confrontar a López
Obrador cuando lo amenazó con romper la unidad del partido si impugnaba la
elección de candidato presidencial. A una prudencia leída también como
debilidad, lo siguió una cadena de decisiones estratégicas incomprensibles. No
buscó un puesto de elección popular ni garantizar el control del PRD. Es decir,
dejó su suerte política al aire, como si la política reconociera méritos y
potencial. Dejará el cargo en diciembre y se irá a su casa. Fuera de la política
activa, ¿cómo hará para despegar su campaña por la Presidencia en 2012?
El
intento por construir esa plataforma fue aplastado esta semana, cuando los
grupos del PRD rechazaron sus imposiciones en la definición de las
coordinaciones parlamentarias. El miércoles de la semana pasada iban a ser
designados los coordinadores, pero no se pusieron de acuerdo por la insistencia
de Ebrard en imponer en el Senado a Manuel Camacho, su mentor y asesor, y en el
Congreso a José Ángel Ávila, su poco respetado ex secretario de gobierno. Los
dirigentes de Nueva Izquierda -Los Chuchos-, y de Izquierda Democrática
-René Bejarano-, dijeron no.
Ebrard
mandó a negociar a operadores incompetentes, y tuvo que sentarse a buscar
acuerdos directamente con los Jesuses, Zambrano -líder del partido- y Ortega,
con el representante de López Obrador, Alejandro Encinas, y con Bejarano.
Personas que conocen los detalles de las pláticas, afirman que Ebrard
presionaba sin escuchar razones. Ortega propuso a Alejandra Barrales, ex líder
de la Asamblea de Representantes, como una coordinadora de consenso. Ebrard
rechazó la propuesta.
Los
Chuchos, que
fueron el grupo que más posiciones ganó en la última elección, dijeron que el
partido y el Congreso eran para ellos. Bejarano, quien obtuvo el segundo número
de posiciones, reclamó la coordinación en San Lázaro al aducir que equiparaba
en diputados a Nueva Izquierda. Ebrard se concentró en el Senado. Camacho,
inteligentemente, reculó y ni siquiera se registró como aspirante a la
coordinación. Ebrard volvió a la carga. “Mario Delgado”, puso sobre la mesa.
“¿Es una broma, verdad?”, respondió Ortega. “No”, atajó el jefe de Gobierno.
Ortega propuso otras dos veces a Barrales, pero Ebrard la descartó.
Los
Chuchos, algo
exasperados por la postura de Ebrard, se pusieron a hacer sus cuentas. Bejarano
hizo lo mismo. Ellos eran los que tienen la fuerza real dentro del partido;
Ebrard no tiene nada. Lo hicieron a un lado, de acuerdo con los detalles de las
negociaciones, y lo anularon. Acordaron la coordinación en el Congreso para
Silvano Aureoles, un golpe simbólico -por lo personal- contra Ebrard, por sus
diferendos de estómago. Aureoles pertenece a Foro Sol, que encabeza la ex
gobernadora de Zacatecas Amalia García, distanciada de Ebrard, pero cercana a Los
Chuchos. En la vicecoordinación quedó Miguel Alonso Raya, quien era el
candidato de Nueva Izquierda, pero enfrentaba mucha oposición interna. La
vicepresidencia de la mesa directiva fue para Aleida Alavez, incondicional de
Bejarano, cuyo grupo mantiene la secretaría general PRD. En el Senado, Los
Chuchos y Bejarano acordaron que sería para Miguel Barbosa, de Nueva
Izquierda.
Ebrard se
quedó con un palmo de narices. Jugó con todas sus armas, pero sin municiones.
La derrota lo dejó sin plataforma, recursos ni posibilidades de futuros apoyos.
Se sobrevaloró en una mesa donde lo que cuentan son los resultados electorales,
no los burocráticos. Su capacidad de persuasión se agota proporcionalmente a su
cargo. En diciembre se queda sin nada, que será su punto de partida para el
largo camino a 2018, un horizonte que no tiene luces y que en las condiciones
actuales, sólo parece que lo llevará a la nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario