- En la candidatura republicana hay un mormón y un católico
- Entre los jueces del Supremo hay seis católicos y tres judíos
- “La historia norteamericana se ha definido tradicionalmente por una profunda división entre los protestantes y los católicos. Esa división, por lo que vemos ahora, ya no existe” William Galston, analista en el centro de estudios Brookings de Washington
- Creo en una América en la que la separación entre la Iglesia y el Estado es absoluta, donde no habrá prelados católicos que le digan al presidente, si éste es católico, cómo debe actuar”
John Kennedy
David Alandete Washington
/ El País
Cuando
Mitt Romney anunció el sábado que había elegido al congresista Paul Ryan para que le acompañe en la
candidatura a la Casa Blanca, hizo historia en el Partido Republicano: por
primera vez ninguno de los dos candidatos conservadores, a la presidencia y la
vicepresidencia, es protestante. Romney es mormón y Ryan, católico. Se unen así
a una candidatura demócrata integrada por un afroamericano protestante, el
presidente Barack Obama, y otro católico, el vicepresidente Joe Biden. Ninguna
de las personas que ocupan u ocuparán las más altas instituciones del poder en EE UU es ya un varón blanco y
protestante, todo un cambio generacional respecto a hace sólo unos años.
El
presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, que es
el tercer oficial en la línea de sucesión para ocupar el Despacho Oval en caso
de fallecimiento del presidente y del vicepresidente, es católico. El líder de
la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, de Nevada, es mormón. En el
Tribunal Supremo hay seis jueces católicos y tres judíos. Seis de ellos son
hombres y tres, mujeres. Las últimas magistradas en ingresar en la más alta
instancia judicial del país, elegidas por Obama, son Elena Kagan, de fe judía,
y Sonia Sotomayor, hispana y católica.
“La historia norteamericana se ha definido
tradicionalmente por una profunda división entre los protestantes y los
católicos. Esa división, por lo que vemos ahora, ya no existe”
William
Galston, analista en el centro de estudios Brookings de Washington
Durante
la mayor parte de la historia norteamericana, los hombres blancos y
protestantes han ocupado los rangos más altos de las instancias del poder
ejecutivo, legislativo y judicial. Obama hizo historia en 2008 al ser elegido
como el primer presidente afroamericano de la nación. En su libro ‘La audacia
de la esperanza’ dijo que no haber sido “criado en un hogar religioso”. En
Chicago, donde trabajó como organizador comunitario, se hizo feligrés de una
iglesia protestante de mayoría afroamericana, Trinity United Church, donde fue bautizado en 1988. En Washington no se ha afiliado
a ningún otro templo.
La
inmensamente mayoritaria presencia de católicos y judíos en esas altas
instancias de poder no resulta representativa de la distribución demográfica
del país. Según el más reciente estudio sobre religión del centro de estudios Pew, un 51,3% de los norteamericanos es protestante.
Un 23,9% es católico. El 1,7%, mormón. Y otro 1,7 %, judío. Durante décadas, el
protestantismo ocupó el centro de la vida pública y política del país, hasta el
punto de que el primer presidente católico del país, John F. Kennedy, tuvo que
ganar el puesto venciendo los recelos de buena parte del electorado.
“Creo en una América en la que la separación entre
la Iglesia y el Estado es absoluta, donde no habrá prelados católicos que le
digan al presidente, si éste es católico, cómo debe actuar”, tuvo que aclarar
Kennedy en un discurso en 1960, pronunciado en Houston ante un grupo de
pastores protestantes. Kennedy hizo historia entonces, como ahora podría
hacerla Romney si ganara, como el primer mormón liderando el Ejecutivo. Este
candidato, sin embargo, que fue obispo de su fe en Boston, ha evitado hablar
públicamente de su credo y de sus relaciones con la iglesia mormona, a la que entre 2010 y 2011 donó
4,1 millones de dólares en concepto de diezmo.
“Dado que
EE UU sigue siendo un país en su gran mayoría cristiano, y más protestante que
otra cosa, por un gran margen, esto significa que las poderosas divisiones de
hace medio siglo, o más recientes, están desapareciendo”, explica William Galston,
investigador en el centro de estudios Brookings, donde ocupa la cátedra Ezra K.
Zilkha sobre Estudios de Gobierno. “La historia norteamericana se ha definido
tradicionalmente por una profunda división entre los protestantes y los
católicos. Esa división, por lo que vemos ahora, ya no existe”.
Galston
recalca que “los protestantes conservadores se hallan hoy en día más a gusto
con los católicos tradicionalistas que con los protestantes progresistas”. De
ello quedo constancia en la campaña de primarias republicanas, cuando el
favorito del movimiento del Tea Party y las bases evangélicas fue un católico,
el exsenador Rick Santorum, notablemente influido por el Opus Dei.
“Finalmente”, añade Galston, “parece que las viejas divisiones teológicas, que
tan importantes parecían hace años, no importan ya tanto como los asuntos
sociales”.
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