martes, 28 de agosto de 2012

EL MERCADO DE ALIMENTOS, LOS HUEVOS Y EL PAPEL DEL ESTADO



Jesús Alberto Cano Vélez (*) / Excélsior
En materia económica, el neoliberalismo insiste en que es al mercado y no al gobierno al que le corresponden las grandes decisiones relacionadas con la producción y oferta de alimentos, pero como en todo, los extremismos y la carencia de sentido común resultan ser malos consejeros.
De ahí que hoy tenemos un gravísimo problema de abasto de huevo, maíz, trigo y otros productos alimenticios, por la falta o insuficiencia de producción interna.
Las tesis económicas fundamentales aconsejan que cada país debe producir las cosas en las que goza de condiciones favorables -climáticas, hídricas, tierras, conocimientos y otras- e importar de otros países todo lo demás.
En materia de los productos básicos para nuestra dieta alimenticia -como maíz, trigo,  oleaginosas, etc.- ha existido en México, desde siempre, un nutrido debate en que sobresalen los extremos: De un lado, “soberanía alimentaria”, que sostiene que debemos producir todo lo básico que necesitamos; mientras que la tesis contraria insiste en el alto costo de esa política, habiendo un nutrido comercio internacional donde se pueden comprar esos bienes, para luego importarlos e integrarlos a la oferta interna.
En el pasado operó una política de producir lo más posible con nuestra capacidad interna y el resto importarlo, como complemento, de manera que el problema se circunscribía a definir qué tanto esfuerzo se justificaba para producir internamente parte de esos bienes; y para lograr eso, y a la vez ofrecer empleos a nuestros campesinos, se creó todo un entramado de bancos de desarrollo y fideicomisos financieros de fomento para las actividades agropecuarias.
La oposición de la banca privada, por lo que consideraba competencia desleal y  algunas ineficiencias y corruptelas en la banca de desarrollo, dio al traste con ese esquema y desaparecieron los bancos de desarrollo, dejando a inmensos segmentos del campo mexicano sin recursos crediticios y, por tanto, sin producir bienes agrícolas.
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Ahora surgió la crisis agropecuaria en los mercados internacionales.   Sufrimos lo que muchos temíamos, depender del exterior para nuestra dieta básica. Surgieron sequías e inundaciones en los países productores de los bienes alimenticios y los mercados internacionales se estrecharon: en Estados Unidos, Rusia, Argentina, Canadá y demás países productores de nuestra dieta. Y nosotros sin capacidad alguna de proveer parte importante de esos granos, como el maíz, el frijol, el trigo y las oleaginosas.
Y para acabar, ya no tenemos  “banca de desarrollo” que merezca ese nombre y que tenga la capacidad de financiar y asesorar a los hombres del campo. Así que la banca comercial y las estructuras burocráticas: nomás “milando”.
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Y ahora Los Huevos.  En ese terreno México perdió toda capacidad de instrumentar una acción coordinada, bien hecha y efectiva para atender el problema. Y el mercado quedó nomás “milando”.
Hace dos meses Jalisco  -principal Estado en la producción de huevos- reportó que estaba sufriendo una plaga que había infectado a las gallinas, ponedoras de la principal fuente de proteínas para el segmento pobre del pueblo, y también necesarias como complemento en múltiples otros productos alimenticios, como el pan. Y la Secretaría de Economía se quedó nomás “milando”.
No fue sino hasta ahora, que los precios del huevo casi triplicando sus niveles normales anteriores, que se convirtió en una necesidad política urgente a resolver, lo que debió haber sido perfectamente previsible. Mientras tanto, salvo por las acciones socialmente sensibles de los gobiernos del Distrito Federal y de Veracruz,  la instancia federal se quedará nomás milando hasta que las fuerzas del mercado respondan a las importaciones  --ahora urgentes--  de Huevos.
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Esta columna ha sido constantemente insistente en la necesidad de que el Estado mexicano tome cartas en la responsabilidad de la economía, hasta donde pueda, para promover los intereses de la sociedad mexicana, especialmente la de los segmentos pobres. El mercado con frecuencia necesita una ayudadita para que las cosas salgan mejor. Nomás hay que evitar excesos e ineficiencias.

(*) Presidente de El Colegio Nacional de Economistas

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