Jesús Alberto Cano Vélez (*)
Como en pocas
otras ocasiones, el mundo ha mostrado con tanta claridad su cara globalizada,
como en la intensificación de la recesión que se expande a los principales
países desarrollados, por la necesidad que tienen de una masiva reducción de su
gasto, por haber llegado súbitamente al límite.
La primera
economía -los Estados Unidos- avanza en su desaceleración, como lo
refleja el incremento en su tasa de desempleo y la disminución en la actividad
económica en este cuarto trimestre del año en curso, misma que se estima
continuará en 2013 y hasta que sus fundamentos económicos y financieros se
corrijan o se absorban, con el tiempo.
EE.UU., había
estado gastando en exceso -no por los ingresos de la exportación de su
producción de bienes y servicios- sino gracias a su capacidad de imprimir
billetes dólar más allá de la disposición del resto del mundo de absorberlos,
hasta que China y otros le pusieron un “hasta aquí”. Habían tragado más dólares
de los que podrían gastar, en muchos años.
Luego, también
Europa se resquebrajaba. La Unión Europea ha vivido intensos momentos de
volatilidad en todos sus indicadores, donde España, Italia y Grecia, siguen sin
poder salir de los graves desequilibrios financieros que les han requerido
políticas económicas duras, que amenazan con graves confrontaciones sociales.
Porque adicionalmente, Francia y Portugal también se encuentran cerca del mismo
precipicio económico.
Ese cuadro
político-social ha puesto en peligro hasta la continuada existencia del
mercomún europeo, con su moneda única, el Euro; porque las políticas de ajuste
estructural que han tenido que aplicar, para cumplir con los requerimientos de
vivir con esa decisión -como disminución de salarios y prestaciones
sociales- han provocado violentas movilizaciones y huelgas.
El problema de
dichos países europeos surgió como consecuencia del abuso que hicieron de la
capacidad de compra que el Euro les dio, hasta que los otros países miembros de
la Comunidad, los austeros y bien portados, Alemania, Holanda, los nórdicos y
otros,- declararon que no podrían ellos seguir financiando esos
despilfarros.
De ahí la
necesidad de aplicar políticas de ajuste estructural, hasta no cubrir con los
ingresos de la exportación de su producción de bienes y servicios, los
gastos que efectuaron con su capacidad real de compra.
El problema es
complejo. Los efectos recesivos que esas políticas están generando en el mundo
nos afectan a los demás. De ahí que México tendrá que asumir ahora su propia
responsabilidad, de generar más ingresos internos, porque por algún tiempo no
podríamos gozar de tantos ingresos provenientes de las exportaciones a los
EE.UU., y a los europeos en suficiente cuantía como para crecer al 6% anual.
De ahí los
planteamientos de Enrique Peña Nieto, en los que propone acciones concretas e
inmediatas para atender esas deficiencias. Tenemos que ir más allá, en materia
económica, que los planteamientos pasivos de los neoliberales del gobierno de
Felipe Calderón, que dejaban toda responsabilidad de los ajustes “al mercado”.
Este es el
momento de promover el MERCADO INTERNO; y para ello debemos encontrar la forma
de elevar los ingresos de los mexicanos, para que puedan comprar lo que
produzcamos.
Ese siempre fue
el deseo de los que quisimos que hubiera un mercado interno de mayor dimensión.
Ahora es una necesidad. Si no, tendríamos que languidecer en la mediocridad y
en la pobreza.
Pero todo ya
cambió. Ahora tendremos un gobierno que sabrá actuar con responsabilidad a
favor de los intereses de los mexicanos.
(*)
Presidente de El Colegio Nacional de Economistas
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