El pasado
miércoles 6 de junio los gobiernos de Chile, Perú, Colombia y México
suscribieron la llamada Alianza del Pacífico, un acuerdo que busca acelerar la
integración entre estos países que tienen las economías más abiertas de la
región y que planta cara al creciente proteccionismo que ha resurgido en
América Latina encabezados por Brasil y Argentina.
La
Alianza surge sumida en la incredulidad. Y no es para menos. La historia
económica reciente de América Latina es una cronología de fracasos en los
diversos intentos de integración regional. El Sistema Económico Latinoamericano
y del Caribe (SELA) y la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI)
creados en 1975 y 1980, respectivamente, y que abarca prácticamente a todos los
países de la región; son letra muerta en términos de resultados concretos para
integrar el mercado regional. Mientras que la Unión de Naciones Suramericanas,
creada en 2004 para alcanzar una integración similar a la europea, se
resquebrajó desde su inicio por las fuertes diferencias ideológicas y
económicas de sus miembros. En los últimos años los bloques comerciales de
Mercosur (1991) formado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, así como la
antigua Comunidad Andina (1961) a la que pertenecen Bolivia, Colombia, Ecuador
y Perú, han corrido la misma suerte y su importancia ha decaído notablemente
ante la puesta en marcha, por parte de algunos de sus miembros, de políticas
proteccionistas contrarias al espíritu de los bloques.
En medio
de este catálogo de fracasos regionales la Alianza del Pacífico tendrá que
remar en contra de la incredulidad y acelerar sus pasos, más allá de las buenas
intenciones iniciales de crear un mercado abierto para el comercio, las
inversiones y el tránsito de las personas.
Para
México la Alianza del Pacífico es una apuesta conveniente y necesaria por
varias razones:
1. Porque
la diversificación de mercados para el comercio exterior es un imperativo para
reducir la vulnerabilidad de las exportaciones, cuestión que se ha evidenciado
con la reciente crisis hipotecaria estadounidense que estalló en 2008 y que
sumió a nuestro principal cliente en una ya prolongada desaceleración
económica.
2. Porque
el dinamismo de la última década observado en los mercados internos de
Colombia, Perú y Chile los convierten en mercados muy atractivos para el sector
manufacturero mexicano, nuestro principal motor de exportaciones. En el primer
trimestre de este año México exportó casi 2,300 millones de dólares a estos
tres países a una tasa de crecimiento anual superior al 20%. Una tasa nada
despreciable.
3. Porque
las inversiones directas de empresas mexicanas en estos tres países ha crecido de
forma importante en los últimos años y se avizoran nuevos caudales de inversión
mexicana en sectores como infraestructura, manufactura, telecomunicaciones y
comercio, por lo que, adicionalmente a los tratados de libre comercio firmados
con estos países, la conformación de un ‘club’ uniforma las reglas de origen
facilitando la exportación de capitales.
4.
Pero también porque se abren mayores accesos a los dinámicos mercados del
sudeste asiático y de China, a los que México ha desdeñado hasta ahora.
El cambio
de gobierno en México y el liderazgo del nuevo gobierno sobre los próximos
pasos de la Alianza es la pregunta a responder. Con todo mi escepticismo, creo
que la Alianza del Pacífico es una oportunidad que no debe desperdiciarse.
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