Mauricio de María y Campos / El Financiero
En meses
recientes, mexicanos viajando a España se enfrentaron a contratiempos y
requisitos adicionales a los que nuestro gobierno exige a los ciudadanos
españoles que ingresan a México.
Afortunadamente,
la acción diplomática de la Secretaría de Relaciones Exteriores ante la
cancillería española fue rápida y efectiva. Ha habido un cambio en la actitud
de las autoridades migratorias españolas frente a los ciudadanos mexicanos.
Lamentablemente, en otros casos no ha estado ocurriendo la misma reciprocidad
esperada.
Esta
práctica causó escozor, sobre todo tratándose de un país amigo del que han
emigrado desde el siglo XVI tantas personas que México ha recibido
generosamente en momentos difíciles, y que hoy día constituye el origen de un
gran flujo de turistas, académicos, empresarios y recientemente de personas en
busca de oportunidades de trabajo y negocios ante la crisis económica y de
empleo que está sufriendo España. La verdad es que "nos llovió sobre
mojado". Hace algunos meses muchos mexicanos nos sorprendimos y molestamos
ante la actitud adoptada en España en el caso de la inversión minoritaria de
Pemex en Repsol, recordando la gran presencia española en sectores estratégicos
mexicanos como la banca, el turismo, la energía y la industria de la
construcción, en los que obtiene buenas ganancias y una significativa remisión
de dividendos. No se vale.
En estos
temas hay un principio básico detrás: el de la reciprocidad, que no siempre se
aplica, pero que es factor fundamental de la amistad entre los pueblos y que a
cada país soberano le corresponde exigir y garantizar dentro de un concepto de
equidad y de cooperación entre estados; por supuesto, en el marco de las
legislaciones nacionales, los tratados bilaterales y multilaterales vigentes y
la jurisprudencia existente.
Lamentablemente,
son muchos los casos en que México ha olvidado o cedido en años recientes
frente a este principio básico de la diplomacia, que es la reciprocidad. Unos
cuantos ejemplos preocupantes.
En
materia migratoria los mexicanos se han enfrentado siempre, al igual que los
ciudadanos de otros países, a una absoluta falta de reciprocidad de parte de
Estados Unidos. Mientras que los mexicanos debemos padecer múltiples requisitos
-y en ocasiones maltratos- al intentar ingresar legalmente a nuestro vecino del
norte y pagar una visa cada vez más costosa, los ciudadanos de EU pasan sin
problemas ni costo alguno por nuestras fronteras sin tener que justificar
razones turísticas, académicas o de negocios. Las razones son obvias y
conocidas. Lo grave es que mexicanos tengamos que lidiar con largos periodos de
espera para obtener una visa e ir de vacaciones o de compras, ya no se diga
para estudiar o trabajar en su país. Ha habido avances en beneficio de turistas
y empresarios recurrentes, pero el hecho es que no hay reciprocidad en la
práctica, no obstante haber firmado un tratado de libre comercio y muchos otros
acuerdos más.
Otro
botón de muestra: a partir de hace un par de años México ha acordado aceptar el
ingreso a México de ciudadanos de terceros países cuando son portadores de una
visa válida de EU. Ello ha facilitado el ingreso a México de turistas,
académicos y empresarios asiáticos, africanos, e incluso latinoamericanos que
de otra manera sólo hubieran podido ingresar a México después de largos
trámites ante autoridades mexicanas y que muchas veces se desisten por ello de
visitar nuestro país. ¡Enhorabuena! Pero la decisión no parte de un acuerdo de
reciprocidad. Es una práctica lesiva a nuestra soberanía que otros países
difícilmente aceptarían.
Hace dos
años Canadá, nuestro otro socio del TLCAN, decidió exigir visa a mexicanos
mediante uno de los trámites más complejos en mi experiencia diplomática. Se
dijo que era necesario por los abusos de nacionales que pedían "asilo
político". Aunque ya han modificado su legislación interna para impedir
esos abusos, los mexicanos ya nos quedamos con el trámite engorroso, negativas
frecuentes sin sentido y la costosa visa, mientras que los canadienses entran
sin problema a México. ¿No podíamos haber establecido ya, como mínima
reciprocidad, una visa que se pagara en el punto de ingreso a nuestro país,
como lo hacen otras naciones? En cambio a Colombia y Perú, miembros de la
Alianza Pacífico, que no nos exigen visa, mantenemos nuestro requisito.
Pero el
problema está también en comercio, inversiones, normas técnicas y muchas otras
áreas, donde México hace concesiones unilaterales crecientes sin reciprocidad
alguna, que lesionan nuestra economía, intereses nacionales y soberanía, a
veces incluso -como en materia de comunicaciones y transportes- en violación de
la legislación nacional, usando subterfugios "legales" diversos. ¿No
habrá llegado ya la hora de ponerle fin a estas prácticas? No sólo nos iría
mejor: nos respetaríamos más, que es la base para tener el respeto de otras
naciones.
Director
del IIDSES-Ibero y exsubsecretario de Industria
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