Mario Maldonado - Sonora Presente
En Morena parecen no advertir que, en política, la sobrerreacción suele producir exactamente el efecto contrario al que se busca. Lo que hasta hace unas semanas era una gobernadora con niveles de desgaste visibles y dos aspirantes de Morena creciendo en Chihuahua —Andrea Chávez y el alcalde juarense Cruz Pérez Cuéllar— se ha convertido, por obra de la confrontación impulsada desde Palacio Nacional, en una figura revitalizada y con una proyección que podría rebasar la frontera de su estado. María Eugenia Campos pasó, casi de golpe, de jugar a la defensiva a convertirse en un activo político nacional del PAN.
Dentro del gobierno federal y en la 4T hay quienes observan con preocupación el manejo del caso Chihuahua. No porque defiendan a la mandataria panista, sino porque entienden el costo político de colocarla todos los días en el centro del debate nacional. El episodio del narcolaboratorio desmantelado en el municipio de Morelos y la revelación sobre la participación extraoficial de agentes estadounidenses detonó una crisis bilateral de enorme calado. La presidenta Sheinbaum quiso presentar el caso como una afrenta a la soberanía nacional y encontró en Maru Campos un blanco perfecto. Por su parte, la flamante lideresa de Morena, Ariadna Montiel, escaló el caso con más con movilizaciones y exigencias de destitución por supuesta “traición a la patria”. Aunque el cálculo parece haber fallado.
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