- Nada dignificaría más a Morena que una voluntad real de limpiar las escaleras de arriba hacia abajo, como lo prometió el primer piso, pero nunca lo hizo
Jorge Zepeda Patterson - El País
La economía no crece, el Gobierno enfrenta una serie de escándalos y Estados Unidos ejerce una presión comercial y política agresiva. No es una situación que la presidenta haya generado, pero lo cierto es que se ha dado pese a sus esfuerzos. Probablemente el país estaría en una posición igual o peor de complicada independientemente del partido que estuviera en el poder, pero el hecho es que el gobierno de Claudia Sheinbaum es el que debe enfrentarla.
Puede entenderse que, ante un contexto de contracción e incertidumbre, nacional e internacional, que se traduce en una ruta cargada de obstáculos, el prometido segundo piso de la Carta Transformación esté sujeto a ajustes y revisiones. Pero sería lamentable ceder a la tentación de renunciar a objetivos importantes, atrincherarse y retroceder a posiciones que remiten al primer piso. Y no porque uno sea bueno y otro malo, sino porque obedecen a dos momentos distintos. El país es diferente al de 2018. López Obrador dio un giro al timón en medio de muchas resistencias, se salió de ruta y abrió brecha cuchillo en mano, a tirones y jalones; apeló a una polarización que generó divisiones y se apoyó en quien pudo para instalar su proyecto de nación. A toro pasado pueden señalarse errores e inconsistencias, pero consiguió revertir tendencialmente la desigualdad y sacar de la pobreza a trece millones de mexicanos; una proeza en un país de privilegios y diferencias tan arraigadas.
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