Samuel García - El Sol de México
La credibilidad económica de México se está erosionando con rapidez. Los mercados comienzan a dudar de la capacidad del gobierno para recuperar la disciplina fiscal medio de una tormenta perfecta.
Por primera vez en décadas, la estabilidad macroeconómica del país empieza a cuestionarse desde el frente fiscal, precisamente el terreno donde México había construido una reputación de prudencia y solidez relativa frente a otras economías emergentes.
Disciplina presupuestal, déficits moderados, deuda manejable y una inflación contenida bajo un banco central autónomo habían permitido conservar la confianza incluso en episodios de alta volatilidad internacional. El mercado asumía que Hacienda preservaría el equilibrio fiscal. Esa premisa hoy está siendo cuestionada.
Recientemente el economista en Jefe para América Latina del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), Martín Castellano, lo resumió con claridad: México “pasó muy rápido de ser uno de los países que tenía finanzas públicas equilibradas o estables a ser uno de los países que tienen el desequilibrio fiscal más amplio”.
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