miércoles, 20 de mayo de 2026

El tope a las gasolinas reduce la presión inflacionaria, pero incentiva el robo a Pemex

  • Los estímulos para mantener estable el precio de los combustibles han reducido el atractivo del huachicol fiscal, pero vuelven más rentable la ordeña de ductos y otras modalidades de mercado ilegal.

Tomas clandestinas y sistemas de extracción ilegal de combustible forman parte de un mercado ilícito que se adapta a los cambios en precios y política fiscal en México. (tzahiV/Getty Images/iStockphoto)

Diana Gante - Expansión

El control de precios de los combustibles en México se ha consolidado como una de las principales herramientas del gobierno para contener la inflación. Mantener la gasolina regular cercana a 24 pesos por litro y el diésel alrededor de 27 pesos busca amortiguar el impacto en transporte, alimentos y cadenas logísticas, que dependen directamente del costo energético.

Pero detrás de ese objetivo macroeconómico se está configurando un efecto colateral en el mercado de combustibles: un ajuste en los incentivos que alimentan el mercado ilegal en sus distintas modalidades. En ese ecosistema conviven el robo de ductos, la adulteración de combustibles y el llamado huachicol fiscal —la importación de combustibles bajo fracciones arancelarias distintas para evadir impuestos—, mecanismos que forman parte de un mismo circuito ilícito.

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