domingo, 18 de febrero de 2024

HISTORIA DE DOS CANDIDATAS Y UN PAPA

  • La entrevista de las dos rivales con el mismo personaje revela no solo los contrastes entre ellas, sino también la manera polarizada en que fueron interpretadas por la prensa.

Jorge Zepeda Patterson - Sin/Embargo

Francisco, con las dos candidatas presidenciales mexicanas. Foto: Especial

Hace unos días Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez estuvieron con el papa Francisco con diferencia de unas pocas horas. Algo que dice mucho del peso electoral que los políticos de nuestro país otorgan a la influencia de la Iglesia Católica. Y algo, también, que nos permite contrastar la naturaleza de sus campañas y el momento en que se encuentran.

Para Xóchitl Gálvez la foto con el papa representó el punto culminante de una gira por el extranjero que en más de un sentido había resultado decepcionante, considerando los altos objetivos que se había planteado. En Estados Unidos su visita no fue arropada como la que se otorgaría a una luchadora por la libertad en contra de un gobierno autoritario de izquierda, como ella había anticipado. No pudo entrevistarse con pesos pesados, ni su visita a Washington y Nueva York fue recogida de manera destacada por la prensa de ese país. En España el saldo fue aún más pobre: ni siquiera consiguió ser recibida por Vargas Llosa, o al menos por su hijo, pese a la animadversión que López Obrador despierta en el premio Nobel peruano. Como sabemos, la nota más trascendente de su paso por Madrid fue su encuentro con Felipe Calderón, con resultados más bien incómodos para la candidata. No fue ella, sino el expresidente, quien subió a las redes la foto que se hizo viral, tomada frente a los baños en un restaurante madrileño. Incómoda para Xóchitl, porque hasta ese momento constituía, para efectos mediáticos, el momento culminante de una gira que contradecía su carácter internacional y la circunscribía a una comida que pudo haber sostenido en Polanco. Tan es así que, interrogada al respecto, ella prefirió tomar distancia de Calderón y afirmó: “No lo admiro políticamente… Es un mexicano que vive aquí y yo soy una mujer educada”. Al buen entendedor. El deslinde era obligado: no solo por la cuestionada reputación del expresidente sino porque un vínculo con él dinamita el principal argumento político en el que habrá de centrarse la campaña de Xóchitl en contra de la 4T: los niveles de criminalidad en el país. Asociarse con Calderón arruina cualquier posibilidad de presentarse como una alternativa para conseguir un México seguro.

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