lunes, 18 de diciembre de 2023

EN LAS ENTRAÑAS DE DOS BOCAS

POR: DIANA NAVA / PARAÍSO, TABASCO - EXPANSIÓN

FOTOS Y VIDEOS: JESÚS ALMAZÁN

La llama de la torre más alta de la refinería Dos Bocas ya está encendida las 24 horas. El quemador elevado, una estructura de alrededor de 180 metros de altura, se observa a kilómetros de llegar por la avenida principal que conecta con el complejo. Esa flama indica que ya sucede algo adentro: los procesos para producir combustibles han iniciado, pero son lentos y, por ahora, todo son pruebas.

La antorcha, que parece crecer durante la noche como parte de un efecto óptico, ha cambiado la tonalidad del cielo de Paraíso, que ahora se pinta de naranja intenso. La oscuridad absoluta parece que no volverá, como uno de los efectos de la refinería que, en realidad, ha modificado todo el entorno.

Dos Bocas llegó para quedarse. El éxito de su funcionamiento, su rentabilidad financiera y su capacidad para detonar económicamente la región siguen en duda, pero la refinería sigue repleta de trabajadores vestidos de naranja. Los hay en todos lados: colgados en las estructuras, soldando tubos, durmiendo a un lado de los edificios, perdidos detrás de columnas de vapor que indican que las tuberías están siendo limpiadas. Muchos otros intentan hidratarse o resguardarse en la sombra.

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