- Bajo la tormenta actual, es urgente arriesgarse a trazar un nuevo curso para la economía que conlleve a una transformación gradual, pero sostenida del Estado y de las relaciones sociales.
Rolando Cordera - El Financiero
El crecimiento económico ha dejado de ser opción. Es empresa urgente, acción inmediata de la sociedad y del Estado, tarea existencial.
Si las economías del mundo están tratando de “capotear” lo mejor posible los efectos de la guerra, que son muchos e imprevisibles, entre nosotros la opción ha sido “dejar pasar”; no acusar recibo de las estimaciones de la mala trayectoria de nuestra economía hechas por diversas instituciones desde el FMI, la OCDE, el Banco Mundial, la Unión de Bancos Suizos o el Bank of America, hasta el Banco de México que en su informe trimestral correspondiente a octubre-diciembre, apunta que para este año se prevé un crecimiento del PIB de entre 1.6 por ciento y 3.2 por ciento, con una estimación puntual de 2.4 por ciento, y la misma Secretaría de Hacienda que, de acuerdo con los Pre Criterios Generales de Política Económica 2023, “recortó en 7 décimas el crecimiento esperado para 2022 a 3.4 por ciento (…) (debido a) los impactos persistentes de la pandemia en los desbalances entre oferta y demanda, y el escalamiento del conflicto geopolítico entre Rusia y Ucrania, han obligado a los países a ajustar sus expectativas de crecimiento”. (Felipe Gazcón, El Financiero, 4/04/22).
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