- Una neurocientífica relata el modo en que andar en bicicleta cuando sufría de ansiedad ayudó a mejorar su estado de ánimo y, a la larga, cambió el rumbo de su carrera.
Gabriela Bhaskar/The New York Times
Por Gretchen Reynolds
Cuando Jennifer Heisz estudiaba un posgrado, tomó prestada la bicicleta de carreras vieja y oxidada de una amiga y terminó transformando su carrera. En ese momento, estudiaba neurociencia cognitiva, pero, insatisfecha con el rumbo de su trabajo y su vida personal, comenzó a experimentar lo que ahora reconoce como una “ansiedad muy grave”, según me dijo hace poco. Su amiga le sugirió andar en bicicleta como manera de tomar un respiro. Aunque antes no era deportista, se aficionó al ciclismo con entusiasmo y descubrió que “calmaba la mente”, comentó.
Ese descubrimiento la convenció de cambiar el enfoque de su investigación. Ahora, como directora del Laboratorio NeuroFit en la Universidad McMaster en Hamilton, Ontario, Canadá, estudia la interacción entre la salud física y emocional y cómo el ejercicio ayuda a evitar o tratar la depresión, la ansiedad, el estrés y otras afecciones de salud mental.

No hay comentarios:
Publicar un comentario