Serpientes y Escaleras
Salvador García Soto - Expreso
La Cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe, ocurrida este fin de semana en México, generó más polémica que resultados concretos para los países cuyos presidentes asistieron al encuentro en el Palacio Nacional. La asistencia de los mandatarios de varios países que acudieron a la convocatoria del gobierno de López Obrador si bien fue un logro diplomático, terminó opacada por la polarización y la división que afloró en el encuentro, donde la presencia de Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel terminó siendo más un elemento de tensión y protagonismo excesivo que le restó claridad y legitimidad a los consensos alcanzados.
El desplante del mandatario uruguayo, Luis Lacalle, que cuestionó la violación de derechos humanos y la represión, y la falta de democracia y equilibrio de poderes en Cuba y Venezuela, en tono de abierto reproche al presidente anfitrión López Obrador, fueron el reflejo de una operación diplomática que se salió de control para la cancillería mexicana, encabezada por Marcelo Ebrard, que se enteró, según por sorpresa —de acuerdo con la versión oficial— el viernes en la noche de la asistencia de Nicolás Maduro, que ya venía volando a territorio mexicano sin que lo supieran los organizadores, en algo que fue una abierta provocación del dictador venezolano y que le complicó toda la Cumbre a la administración lopezobradorista.
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