Francisco Valdez Ugalde - El Siglo de Torreón
Iberoamérica llega a los 200 años de independencia. En 1804, Haití conmovió al mundo con la revolución antiesclavista que culminó en la primera república independiente. Le siguieron en sucesión las independencias americanas de España, Portugal y Francia, y la fundación de las nuevas naciones. Cuba cerró el Siglo XIX con la independencia en 1899, y solo Belice, Guyana y Surinam esperaron al siglo XX para independizarse de Gran Bretaña, Francia y Holanda, al tiempo que las colonias de Asia y África hicieron lo propio. A nadie escapa que Iberoamérica o, más ampliamente América Latina (para incluir anglófonos, francófonos y las lenguas autóctonas) es reconocida en el mundo por signos de enorme contrariedad: gran literatura, filosofía, artes plásticas y música destacan entre las mejores y circulan por el mundo. Sin embargo, el subcontinente tiene una ajenidad consigo mismo: no ha logrado en doscientos años colocarse en el lugar del devenir humano que le corresponde, con contribuciones genuinas al orden social, económico y político.
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