José Blanco - Periódico La Jornada
Muchos lo aprendimos y descubrimos hace años. Ha sido olvidado por mucho tiempo, pero sigue ahí como un saber difícilmente controvertible. Puede formularse de distintas formas, pero podemos preguntarnos hoy por qué México continúa siendo un país en gran medida postrado y dependiente, que nunca desplegó un proyecto de desarrollo propio, como sí lo hicieron múltiples países asiáticos: la inacabable condición de ser colonia. Colonia territorial primero, colonia económica después. Ambas formas de colonialismo han sido reproducidas internamente por sus grupos dominantes durante toda su historia.
La reproducción histórica de los grupos dominantes, como agentes de la reproducción del sistema internacional de dominación y explotación de los mexicanos desposeídos, ha sido también, en consecuencia, la negación lisa y llana de la posibilidad de conformación de grupos dominantes con vocación nacional. De esos grupos nace una burguesía claramente incapaz de crear y realizar un proyecto nacional: su índole social profunda es ser engrane de las relaciones de dependencia construidas por el sistema colonial internacional, cuyo culmen en deterioro sigue siendo Estados Unidos (EU). Fuera de ese sistema se hallan Rusia y China y sus respectivas áreas de influencia.
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