Noemí Levy Orlik - El Siglo de Torreón
Existe una gran tensión entre una política económica guiada por la política fiscal, con el respectivo financiamiento público que garantice el pleno empleo y la satisfacción de las garantías básicas de bienestar de la población, en contraposición a una intervención pública que garantice el libre movimiento del capital y del trabajo y, por esa vía, alcanzar el máximo crecimiento económico sin inflación, con intervención gubernamental reducida, y organismos independientes que vigilen que la política pública no se desvíe de su objetivo regulador. Alrededor de los 90s se impone la visión de reducir al mínimo el papel del Estado, con un banco central autónomo. Este modelo económico fue fallido porque generó una gran concentración de riqueza y obstaculizó el crecimiento económico. En 2008 estalló una gran crisis, que modificó la política económica. Los bancos centrales asumieron la función de garantizar créditos a bajos precios, sin lograr dinamizar la actividad productiva. El exceso de liquidez se dirigió al sector financiero.
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