Carlos Loret de Mola - Zócalo
Hace poco más de un año, cuando súbitamente el Gobierno federal decidió cancelar los contratos de los gasoductos, los moderados más cercanos al presidente López Obrador se juntaron para advertirle con gran preocupación que una medida así podría significar el fin de su pretendida cuarta transformación, una ruptura tal con el capital privado que detonaría una crisis de confianza en el Gobierno que estaba empezando. “Es mucho peor que el aeropuerto”, le sintetizaron voces como Urzúa, Scherer, Ebrard, Romo. Estos “moderados” del obradorismo se enfrentaban así con los radicales (Nahle, Bartlett, etc.) que exploraban coquetamente la ruta de la nacionalización de la industria petrolera. El Presidente entendió y dio marcha atrás.
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