Julio Faesler - El Siglo de Torreón
México y Estados Unidos son, entre otros ejemplos, excelentes casos para sospechar de las virtudes que hemos estado educados a atribuirle a la democracia. Las experiencias en los dos países demuestran que tratándose del resultado de elecciones conducidas democráticamente, el arribo a los cargos presidenciales de individuos cuyo desempeño es diametralmente diferente al prometido o aun el esperado.
La amarga decepción en los resultados medidos en términos de solución de los problemas que prometieron resolver es la razón por la que hay un serio cuestionamiento en muchos observadores y políticos profesionales sobre la democracia como sistema para entregar a una persona la complicada responsabilidad de dirigir un país.
No hay comentarios:
Publicar un comentario