Luis Rubio - El Siglo de Torreón
Todos los gobiernos culpan a sus predecesores de los males que encuentran o con los que no pueden lidiar.
En esto no hay novedad alguna: el problema no es mío, sino de mi predecesor. En lo
que AMLO es excepcional es en culpar no
a un gobierno, sino a toda una generación
-tres décadas de gobernantes y funcionarios- de todo lo que no le gusta. Su problema hoy es que, luego de una prolongada
campaña por derruir lo existente, ahora
él es quien está a cargo y, por más que culpe a otros, suya es la responsabilidad.
A los candidatos se les mide por sus
promesas e intenciones; los gobernantes
son responsables por los resultados. AMLO prometió cambiar la realidad y ahora se encuentra ante el dilema que inevitablemente presentan los asuntos cotidianos: desde la inseguridad hasta el crecimiento económico.
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