Salvador Camarena - El Financiero
De una vida como la de Porfirio Muñoz Ledo se ha dicho de todo. Muchos años después, por ejemplo, de haber sido representante de México ante las Naciones Unidas (allá en los 80), en los pasillos neoyorquinos de la sede del máximo organismo multilateral todavía lo recordaban como el “sparkling” embajador, homenaje a su inteligencia pero también a su irredenta personalidad, que le acarreó en aquella ciudad una de sus más famosas polémicas.
Habrá quién no le perdone su defensa a impresentables presidentes en la era priista, pero con 85 años a cuestas hoy la de Muñoz Ledo se ha convertido en una voz que llama con prontitud a las cosas por su nombre, toda una rareza en estos tiempos donde abundan políticos, del oficialismo y de la oposición, de ratonero comportamiento.
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