John Saxe-Fernández - Periódico La Jornada
Llama mucho la atención la persistencia y el aumento del apoyo de la población al esfuerzo del nuevo gobierno por frenar y revertir la desarticulación y saqueo, desde dentro y desde fuera, al que fue sometida Pemex, algo padecido con más intensidad desde el inicio del presente siglo. Ya sea desde las codicias oligárquico-imperiales durante la racha de corruptelas neoliberales o de la criminalización de la tecnocracia, que se procedió con su desarticulación. Esa oligarquía, feliz con la condicionalidad acreedora, avaló que Pemex retomara con más frecuencia los contratos de riesgo y que privatizara la petroquímica. Mientras la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, sucursal del FMI, desataba una ofensiva fiscal que obligó a un acelerado endeudamiento.
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