Denise Dresser - El Siglo de Torreón
Lidiar con los bancos en México es como ir al dentista a que te saquen una muela. Es como someterte a una colonoscopía obligatoria. Es como acudir al podólogo para remover una uña enterrada. Incómodo, doloroso, latoso e inevitable. No hay más remedio que padecer la disfuncionalidad de los servicios financieros del país. Quién no ha enfrentado la desesperación ante las colas interminables, el servicio lento, el papeleo innecesario, el trámite engorroso. Quién no ha experimentado el terror de ser enviado a la fila de “Servicios al cliente” detrás de otras treinta personas, escudriñando las manecillas del reloj, mirando correr el tiempo. Quién no ha pagado las comisiones exorbitantes que cobran por cada transacción. La banca exprime, la banca abusa, la banca expolia.
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